
Lo único que tienen que ver estos dos discos y el motivo de que aparezcan juntos en un mismo post es que los compré el mismo día.
El pasado día 17 salió a la venta el nuevo disco de Norah Jones, The Fall, es una de esas artistas en las que, según mi criterio, puedes invertir el dinero a ciegas (o sordas) sabiendo que no te vas a sentir estafado.
Sólo acostumbro pagar más de 10 eur por un disco si se trata de un vinilo pero en esta ocasión no me importó invertir 19'95€ en el CD edición especial que incluye un disco extra en directo por un euro más que la edición normal. El LP no estaba disponible en la tienda y mi compañera había tenido un día de esos en los que un inesperado regalo de su artista preferida iba a levantarle el ánimo. No quedó otra que dejar el vinilo para otra ocasión.
En este nuevo disco Norah Jones evoluciona: recuerdos de Jonhy Cash, se intuye una sombra reggae en algunos ritmos, distorsiones más acusadas que en trabajos anteriores y una producción exquisita que hará las delicias de los oídos más exigentes.
Como ya se habrán dado cuenta soy de esos bichos en supuesta extinción que adquieren música original y que además siguen ese incomprensible procedimiento (para los ignorantes que además presumen de serlo) basado en: lo descargo, lo escucho y si me gusta me lo compro. Lo que no me gusta además de no comprarlo, ni lo escucho ni lo almaceno porque ni soy masoca ni me regalan los gigas.
Poseo una copia original de la mayoría de la música que escucho y disfruto con mayor frecuencia y mis motivos son sencillos: pagar es una forma justa (aunque quizás no todo lo equitativa que debiera) de agradecer al artista y a todos los que han hecho posible el disfrute de su obra, un CD original suena mejor que el mejor de los formatos digitales de compresión con perdida. Es cierto que existe la posibilidad de duplicar un CD empleando métodos de detección y corrección de errores en el proceso de copia así como formatos de extracción y comprensión sin pérdida pero en el primer caso me pierdo el estuche original, el libreto bien impreso y no le doy un duro al artista y sí a las SGAE y su reparto nada equitativo (por huevos que no duplico un disco de Norah Jones para que encima se beneficie David Bisbal o Ramoncín por haber comprado un CD virgen).
Si descargara música comprimida sin pérdida seguiría teniendo un problema: necesitaría un conversor digital analógico digno para disfrutar de una calidad similar a la que me proporciona mi actual reproductor de CDs.
A estas alturas ya se habrán dado cuenta de que la vena audiófila impone un gasto: igual que un fumador se deja el salario en cultivar un hermoso carcinoma a mí me da por alimentar a mi querido ampli y sus hermanas con ese caviar marcado por el copyright.
En su día la mayoría de los usuarios de vinilo abandonaron el formato ignorando su verdadero potencial cualitativo, de hecho y aunque entonces hubieran adquirido el equipo adecuado el estado de la tecnología no era el actual: un vinilo de ayer en un equipo de hoy suena mejor que nunca. Si tienen ocasión compruébenlo.
Con el CD está pasando tres cuartos de lo mismo: la mayoría de los que están abandonando el disco óptico ignoran el placer que estos encierran.
Para entender la inversión mínima (1.500 eur puede ser una buena cifra de entrada) que requiere un equipo high-end básico basta con acudir a una tienda especializada y pedir una demostración; para saber apreciarlo y extraer todo el jugo es necesario educar el oído y el espíritu.
A pesar de todo no creo que quienes no hayan comprado en su día un disco o se hayan desprendido de los que tenían estén dejando pasar tren alguno. En un futuro cada vez más cercano podremos disfrutar de millones de canciones on-line con calidad incluso superior al CD actual. Después de todo si la X-Box ya permite, incluso en España, disfrutar de un videoclub en alta definición ¿porqué iba a ser diferente con la música? Cuestión de tiempo, hasta entonces ahí esta la tienda online de iTunes y demás sucedáneos. Los tiempos cambian pero siempre habrá nostálgicos que seguiremos comprando nuestro disco, nuestro tesooooro... ¿fetichismo consumista? En parte pero de momento es la mejor forma de coleccionar un autógrafo a la salida de un concierto. ¿Cuál es la alternativa? ¿Que me firmen el iPod?
Vayamos con el segundo disco del día: The Ramones, The Chrysalis Years Anthology. Eran una de mis muchas asignaturas pendientes, cuando lo descubrí a escasa distancia del disco de Norah luciendo la etiqueta de "precio de derribo" supe que se me habían acabado las excusas.
The Ramones fueron los precusores del punk, se adelantaron dos años a todos los que vendrían después con su estilo punk-rock: canciones breves, sencillas, pegadizas y más fáciles de escuchar para el recien llegado al territorio de los vaqueros rasgados que los Sex Pistols, baluartes del género.
Tres discos y 84 canciones vibrantes, divertidas y frenéticas, música para una huida en descapatoble a través del desierto.
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